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| Pablo Picasso. Muchacha ante el Espejo |
Una niña muy vanidosa, se burlaba de su reflejo: ¿Eres tú o soy yo? – Reía– yo soy la más bonita, tú eres tan sólo un simple reflejo, le daba un beso al espejo y salía del cuarto.
Su belleza crecía, mientras su alma se ennegrecía, exigía a sus padres que le compraran: vestidos, broches, bolsas, zapatos, sin importarles su pobreza, a las demás niñas las despreciaba y sólo se dedicaba a mirarse en el espejo.
Un día su madre decidió hablar con ella, le dijo: Hija, la belleza física es pasajera, la verdadera belleza radica en el alma, se cultiva diariamente y no se aprecia en el espejo. Vanidosa no quiso escuchar más, su boca expulsó palabras hirientes contra su madre y padre.
Su mama al escucharla, sintió que sus fuerzas la abandonaban, su tristeza no la dejó hablar más, miró al espejo con ojos suplicantes, se dio la vuelta y cerró la puerta.
Su mama al escucharla, sintió que sus fuerzas la abandonaban, su tristeza no la dejó hablar más, miró al espejo con ojos suplicantes, se dio la vuelta y cerró la puerta.
Vanidosa, continuó como si nada hubiera pasado, siguió admirándose, giraba enseñando el vestido a su reflejo, comenzó de nuevo a burlarse del espejo y le dijo: ¿Eres tú o soy yo? – reía– yo soy la más bonita, tu eres tan sólo un simple reflejo, y cuando le dio el acostumbrado beso, sintió que algo pasaba, poco a poco perdía el control de sus cuerpo, observaba todo como si se encontrara detrás de un cristal, y pronto comprendió que solo imitaba los movimientos de alguien que era igual a ella. La niña se movía – y ella la imitaba– hasta que dijo: ¿Eres tú o soy yo?, ahora tu eres el reflejo, los cambios siempre son buenos, adiós Vanidosa, nos seguiremos viendo a través del espejo. Se dio la vuelta y desapareció tras la puerta. La recámara quedó en silencio
De pronto se escuchó un grito: ¡No!, una mujer se levantó de la cama rápidamente, corrió hacia la cuna donde descansaba una hermosa bebé, la cargó y le dijo: cielo mío, yo te enseñaré que el amor y la bondad, es la belleza más grande; con gran cariño le dio un beso, acostándola de nuevo en su cuna. Levantó la vista y vio con temor su reflejo en el espejo.

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