El Rey Jorge, ha pedido a Luis y Gael príncipes del reino vecino de Avalonnis, que rescaten a la princesa Giovi; el Duende Verde la tiene secuestrada y cautiva en la Isla Cubo. Un pulpo gigante, no deja que nadie se acerque y ha hundido a todos los barcos que lo han intentado. El hada del bosque es la encargada de guiarlos en ésta arriesgada misión, que consiste en atravesar el bosque encantado, llegar al mar, enfrentar al pulpo gigante y rescatar a la princesa. En la costa les espera el barco Farid el más veloz del reino, para transportarlos a la Isla Cubo.
Los príncipes Luis y Gael, encontraron al Hada del bosque junto a las caballerizas del castillo. Gael al verla comentó en voz alta: Ella no puede ser el hada del bosque; no tiene alas, es peluda, tiene cola y… ¡Calla! – Le interrumpió– Luis avergonzado. El hada del bosque los miraba enojada y dijo: ¡Si, soy un hada, no lo duden!, les guiaré al barco Farid, suban a sus caballos, el camino será largo.
Dos hermosos caballos aparecieron ante sus ojos. El caballo más alto de pelo blanco, se acercó a Luis y le dijo: me llamo Kor seré tu compañero… ¡No puede ser, los caballos no hablan! –interrumpió Gael. El segundo caballo de pelo dorado con estrellas en los pies, comenzó a reír y dijo, mientras se acercaba a Gael: ¿escuchaste lo que dijo Kor? sorprendente sería que un caballo no hable, mi nombre es Rod, yo iré contigo.
Luis y Gael montaron sus caballos, el hada subió al hombro de Luis y así comenzaron juntos su nueva aventura.
El bosque encantado era hermoso, Luis y Gael admiraban los árboles plateados, dorados, rojos y azules, en sus ramas viven hadas y duendes, quienes tímidamente se asoman a verles.
Al llegar a la mitad del bosque, apareció frente a ellos, un duende de color verde y les dijo: ¡Alto!, no den un paso más, sé que su intención es alejar de mi a la princesa Giovi. Si se empeñan enviaré a mi dragón y los devorará.
Luis le contestó: Duende Verde, nosotros no le tememos a un dragón, con nuestras espadas lucharemos contra él. Gael continuó: Libera a la princesa o la liberaremos nosotros. El Duende Verde, furioso dio una patada en el suelo y desapareció.
De pronto, el día se convirtió en noche, el viento sopló con fuerza, los árboles lloraban con el sonido del viento, al escuchar un terrible rugido que hizo temblar al bosque entero, las hadas y duendecillos corrieron de inmediato a ponerse a salvo.
Un enorme dragón, se abría paso entre los árboles y enfrentó a los príncipes. Gael al momento de verlo a la cara, comenzó a reír y le dijo: ¿eres tú el dragón, a quien debemos temer?, el dragón comenzó a reír y le contestó: ¿y ustedes son los príncipes valientes que quieren liberar a la princesa?
Todos estaban sorprendidos, ante la conversación que Gael sostenía con el dragón, y Luis finalmente preguntó: ¿Se conocen?, Gael asintió con la cabeza, sacó de su bolsillo un pedazo de chocolate, se lo dio al dragón quien lo devoró y se relamió los bigotes. El dragón y yo somos amigos –dijo Gael– lo conozco desde que brotó del cascarón. Hace tiempo desapareció del valle de los sueños y jamás supe porqué.
El dragón continuó con la historia: Mis padres fueron secuestrados por el Duende Verde, él los llevó a la isla Cubo, desde entonces soy su esclavo.
Dragón, te prometo que rescataremos a tus padres, al igual que a la princesa, únete a nuestra lucha, –dijo Luis. El duende escondido, observaba la escena con gran enojo, tengo que adelantarme –pensó y luego desapareció.
Luis, Gael y sus amigos, terminaron su travesía por el bosque, llegaron a la orilla del mar y abordaron a Farid, el viento les favorecía y el mar lucía hermoso, los peces nadaban junto al barco, mientras el dragón volaba siguiéndolos.
Mientras tanto, el duende desde la Isla Cubo, lanzó un hechizo al mar. Entonces, comenzó una gran tormenta, las olas eran cada vez más grandes, el viento soplaba furioso, era casi imposible seguir navegando. Luis se mostraba nervioso, no podían controlar a Farid, ni orientarse en la tormenta. El dragón gritó a Gael: Ata una cuerda al barco y yo les guiaré desde el cielo, así lo hizo Gael. Farid, parecía volar sobre las enormes olas. De pronto unos enormes tentáculos salieron del mar y rodearon al barco para hundirlo. Luis y Gael con sus espadas trataban de cortarlos, pero no podían, el barco comenzó a hundirse.
El hada gritó: ¡Luis y Gael unan sus espadas! Cuando las unieron, ella se desvaneció sobre ellas, a partir de ese momento, cuando las espadas de Luis y Gael tocaban un tentáculo este disminuía de tamaño, y así, el enorme monstruo marino terminó siendo tan pequeño que dejó de ser un peligro.
Poco a poco, la tormenta se convirtió en llovizna, Kor y Rod gritaron, ¡Tierra a la vista!, hemos llegado a la isla Cubo. Desembarcaron, y descubrieron que las rocas tenían la forma de cubo, al igual que los animales, plantas y flores. Apenas tocaron tierra, el Duende Verde apareció y les dijo: Les entregaré a la princesa y a todos los seres de la isla, si uno de ustedes decide quedarse voluntariamente en la isla Cubo.
Luis y Gael sacaron sus espadas y dijeron: ¡Todos nos iremos y tú solo te quedarás!
Por favor –dijo el Duende Verde– no quiero quedarme solo, nadie quiere ser amigo de un duende feo y verde, ¡Lo que daría por tener un amigo!, comenzó a llorar y patalear.
El dragón conmovido dijo: Duende Verde yo seré tu amigo, me quedaré contigo pero tienes que comprender que un amigo no se gana por la fuerza, se gana con amor y respeto, la amistad es un tesoro que se gana día con día, y para comenzar tienes que confiar en los demás, libera a todos en la isla, muéstrales tu corazón, tu arrepentimiento y verás que te querrán.
El Duende Verde al escuchar al Dragón brincó de alegría y dijo: ¡Así será, amigo dragón! todos los seres de la isla son libres, les demostraré que no soy malo. En ese momento, la princesa apareció y todos los seres de la isla recuperaron su forma natural.
Luis y Gael abrazaron al duende ofreciendo su amistad, y le dijeron a la princesa al unísono: ¡Es hora de regresar a casa!
Entonces, una voz retumbó la Isla, ¡Oh, No!– gritaron Luis y Gael– ¡nos han descubierto!
¿Qué hacen fuera de casa, bajo la lluvia? –Gritó su mamá– van a enfermarse, ¡vengan inmediatamente, de lo contrario, mañana no saldrán a jugar!
En un instante todo se desvaneció, Luis y Gael corrieron a su casa, no paraban de hablar: Mamá teníamos que rescatar a la princesa del malvado Duende Verde, ya no es malo –dijo Luis– solo tenía miedo de estar solo. Y que crees mamá, encontramos al dragón que se perdió en el valle de los sueños, aquel que le gustaba el chocolate –dijo Gael– ¿recuerdas?…
Su mamá los abrazaba, y les dijo: A cambiarse de ropa, niños, he preparado leche con galletas.
¡Rápido Gael, vamos! –Dijo Luis– y ambos corrieron a su cuarto a cambiarse de ropa.
Afuera de la casa aún llovía, y sobre el jardín quedaron: Las dos espadas, un barquito de papel, dos caballitos de madera, un cubo lleno de tierra y un gran charco.
Junto al cubo, se escuchó una vocecita: ¿se fueron tan pronto?, dijo suspirando el Duende Verde, una ratoncita blanca le respondió: Si, pero mañana regresarán, vamos a casa, es hora de descansar.
El Duende Verde, le preguntó: ¿y mañana que aventura tendremos, qué te parece si traemos al gigante que quiere comerse todos los pasteles del mundo?
¡Duende Verde, que imaginación tienes! –Dijo– riendo la ratoncita.
Y ambos caminando se alejaban del jardín, discutiendo sobre la aventura que tendrían la mañana siguiente, hasta que se perdieron en la oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario