![]() |
| Foto:By Margi Moss |
Cuando estoy triste le digo a José: ¡Anda, José, cuéntame de tu reino! y él alegre contesta: En nuestro reino, mi padre y madre tienen magia en su voz, borran tristeza, miedo, hambre, sed, frio ó calor. En las noches dormimos juntos y a través del techo observamos las estrellas. El guardián de nuestro reino se llama Azúcar, es fiero con los extraños, pero dulce con nosotros... lo interrumpí y le dije ¡José yo quiero conocer tu reino!
Al llegar a casa, le dije a mi nana: Quiero conocer el reino de José, déjame ir, déjame ir, por favor y le di tantos besos, que al fin dijo: Esta bien, después de la escuela irás con José, tendrás tres horas para conocer donde vive. Cuando el tiempo acabe, te llamaré al celular y el chofer estará esperando por ti, ¡cuídate! si te pasa algo moriría. Nana, le dije muy serio: Estaré bien, mis padres no lo notarán, estaré dormido como siempre cuando regresen de trabajar.
Después de clase, caminamos rumbo al reino de José y conforme nos acercábamos, mi preocupación iba en aumento, el vestido de las personas que veíamos en nuestro camino, era muy pobre y por primera vez, observé la ropa y zapatos de José, aunque eran limpios, estaban gastados y el color perdido. De pronto nos detuvimos en una vieja vecindad, la puerta de la entrada estaba oxidada y las paredes muy viejas, dude un segundo, pero me armé de valor al ver la alegría de José.
Un perro blanco de enorme nariz café me ladró muy fuerte, José al instante le gritó: ¡Azúcar, es mi amigo!, su furia se convirtió en brincos de alegría. Entonces, la mamá de José apareció, me regaló una sonrisa, abrazó a José y nos dijo: ¡Qué bueno que llegaron, es hora de comer!, ambos me tomaron de la mano y subimos las escaleras, hasta llegar al cuarto más alto de la vecindad.
Al fin, entré a la casa donde vivía José, era un lugar muy pequeño, con pocas cosas y todas viejas, un mueble, una mesa con cuatro sillas, una estufa, un ropero, al fondo dos camas juntas, el techo estaba muy dañado y algunas palos de madera parecían sostenerlo, yo trataba de disimular mi asombro ante la pobreza, que jamás había conocido.
Mientras la mamá de José servía la comida, llegó su padre exclamando: ¡Llegó el rey de la casa!, José saltó de su silla, corrió, lo abrazó y entre risas le dijo: ¡Mira, ha venido mi amigo a conocer nuestro reino!, su papá sonrió, me miró y me dijo: ¡Bienvenido a nuestro reino!, hizo una reverencia, su mamá le guiño el ojo, me levanté y respondí: ¡gracias! y tímidamente devolví la reverencia.
Al fin todos sentados en la mesa, dimos gracias por los alimentos. Entre risas, cantos y cuentos, pasó el tiempo, mi celular anunció la hora de marchar. Todos salieron a despedirme, incluso Azúcar, subí al auto y vi como desaparecía, esa gris vecindad, la puerta oxidada, las paredes viejas y el sabor a la pobreza.
Nana me recibió con alegría y preguntó: ¿Es bonito el reino de José?, a lo que respondí: Nana- suspiré, encogiendo los hombros- el reino de José es diferente a todo lo que imaginé -ella me miró con extrañeza, pero no dijo nada.
Me retiré a mi cuarto, tomé una hoja de papel y comencé a escribir… ¡Si tan solo tuviera un reino como el de José, sería tan feliz!


No hay comentarios:
Publicar un comentario