Como cada noche, mi madre con su vestido negro entra a mi recámara y me besa, yo le pregunto: Mamá ¿cuánto me quieres?, ella me contesta: ¡Muchísimo hija mía, más allá de la luna, del sol y las estrellas!, me abraza con ternura y me arrulla con su canto.
Una de esas noches, ya cuando dormía, entró mi padre y le dijo: ¡Estela, tienes que aceptar que nuestra hija, desde aquel fatal accidente, ya no vive más!, la tomó entre sus brazos, enjuagaron sus lágrimas y cerraron la puerta.
La siguiente noche esperé y la siguiente, y la siguiente… pero ella jamás regresó. Ahora, sola canto y antes de dormir le pregunto a la noche ¿cuánto me quieres?, el silencio se oye… jamás recibo respuesta.
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