Te enseño a caminar,
y al final eres tú quien me enseña a vivir,
a disfrutar de simples momentos,
a reír de los errores,
a subir un escalón con torpeza,
y con una sonrisa borrar las dificultades,
¡Eres tú, mi hermosa poesía!
¡Eres tú, mi niño, mi felicidad!
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