Juanito, es un niño muy bueno, nunca hace travesuras y lo que más le gusta es dibujar, se deslumbra con los colores y dibuja lo que vive en su imaginación. Su primer dibujo fue un arcoíris, luego, un perrito con cola larga y una mariposa en su nariz, un circo con muchos payasos, una pelota, un policía, etc., a su corta edad, sus dibujos a los ojos de los adultos, son sólo garabatos sin forma, de mil colores, pero para los papás de Juanito son los dibujos más bellos.
Cuando Juanito termina un dibujo, corre a los brazos de su madre, quien le aplaude y premia con dulces y besos; su padre cuelga el dibujo en el refrigerador y cada vez que llegan los amigos, les invita a contemplar el arte de Juanito.
Un día Juanito, tuvo una gran idea: Dibujaría en todas las paredes, las llenaría de color y sus dibujos cobrarían vida, ¡sus padres estarían tan orgullosos de él!-pensó.
Miraba fijamente sus colores, no podía decidir con cual comenzar, ¡el azul –exclamó- pintaré una mariposa azul! y tomó con su pequeña mano el color, eligió una pared y comenzó a dibujar. De pronto, la sala estaba llena de colores, formas y de ese olor a marcador y plastilina, imposible de pasar por alto.
Mientras tanto, su madre en la cocina, le decía: Juanito, ¿te estás portando bien?, no escucho ningún ruido, ¿estás dibujando?
A lo que Juanito contestaba: ¡Me estoy portando bien mamá, no hago travesuras, estoy dibujando, te daré una sorpresa!
Su mamá al escuchar su voz, se tranquilizaba y continuaba cocinando. Pasaba un tiempo y volvía a preguntar lo mismo, a lo que Juanito contestaba de igual manera.
Y Juanito, seguía dibujando y adornando con plastilina, los cochecitos, las nubes, los gatos, los perros, las flores, los duendes, no se cansaba de dibujar; su imaginación era tan grande, que faltaban paredes para plasmar el mundo que quería.
Su madre, al fin, decidió salir de la cocina y quedó paralizada al observar, que sus paredes blancas, ya no lo eran. Todas, hasta donde Juanito alcanzaba con su sillita, eran una mezcla de colores y plastilina.
Ella no sabía cómo reaccionar, preguntándose mil veces ¿Qué debo hacer?, ¿Le grito?, ¿Le doy un coscorrón?, ¿Lo regaño?, después de reflexionar mil veces a la velocidad del rayo, pensó que reaccionando así, podría asustarlo y convertirlo en un niño rebelde.
Mientras tanto, Juanito al ver a su madre, comprendió que la sorpresa, no era bien recibida, y la gravedad del rostro de su madre, lo asustó y poco a poco la veía acercarse.
Su madre, con astucia le dijo: Juanito no vuelvas a hacer travesuras. Los niños muy traviesos se enfrentan a un enorme dragón mágico, de muchos colores, con enormes alas, garras y dientes, el niño escuchaba con sus ojos tan grandes como platos, satisfecha su madre se dio la vuelta, pensando que jamás Juanito volvería a hacer algo parecido.
Juanito, se quedó quieto, pensando, asombrado por la historia que su madre le había contado. Observaba sus dibujos, imaginó al gran dragón mágico de tantos colores y pensó que no tendría tantos lápices de color, para poder dibujarlo.
Desde ese momento, Juanito elabora largas listas enumerando travesuras, contando y calculando cuantas tiene que hacer, para poder ver a tan fantástico ser.

Dedicado a mis 2 hermosos niños Luis y Gael.
Nayeli M.
